El IESS enfrenta un déficit de pensiones cercano a los $4.000 millones anuales. Un modelo que ofrece jubilaciones de hasta el 80% del último sueldo, pero recibe aportes del 11%, amenaza con poner en riesgo las pensiones futuras.

La crisis del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) es un problema estructural que requiere entender las fallas de su diseño financiero y social. Según el análisis expuesto por el economista Pablo Lucio Paredes, director del Colegio de Economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), durante un diálogo organizado por el Cato Institute, el colapso del sistema no se debe únicamente a la demografía, sino a decisiones políticas que han distorsionado su viabilidad. A continuación se desglosan los tres factores clave que explican esta problemática

La ilusión de la pensión equivalente al 80% del último sueldo: La matemática que condena al sistema de seguridad social en Ecuador

El déficit de caja del sistema de pensiones en Ecuador bordea los $4.000 millones anuales, un hueco financiero que equivale a casi todo el déficit fiscal del Estado. Este agujero tiene un origen matemático claro, que tiene que ver con el desequilibrio entre lo que se cobra a los afiliados activos y lo que se paga a los jubilados.

A nivel internacional, una jubilación sensata, de acuerdo con Paredes, ofrece una tasa de reemplazo de entre el 40% y el 50% (como ocurre en Chile), es decir, el jubilado recibe la mitad del sueldo que ganaba cuando trabajaba.

«Aportamos 11% y nuestra tasa de reemplazo que es lo que recibimos al jubilarnos está entre las más altas del mundo porque está alrededor del 80%». Cobrar un porcentaje bajo y ofrecer una pensión tan alta es la receta directa para la quiebra institucional”, recalcó Paredes.

Esta desproporción matemática entre un aporte del 11% y un beneficio del 80% genera graves consecuencias financieras y estructurales para el IESS:

  • Déficit de caja millonario: el sistema no solo padece de un déficit actuarial a futuro, sino de un déficit de caja actual equivale a entre el 2% y el 3% del Producto Interno Bruto (PIB).
  • Dependencia extrema del Estado y pérdida de patrimonio: para cubrir este agujero, el Estado está obligado por ley a subsidiar el 40% de las pensiones. Esto significa que todos los ciudadanos aportan alrededor de $3.000 millones mediante impuestos para tapar el déficit. Aun con esta inyección masiva de capital, el dinero no alcanza y el IESS se ve obligado a consumir su propio patrimonio para poder pagar a los jubilados.
  • Reglas de acceso altamente rentables para el individuo, pero letales para el sistema: el modelo ha permitido que existan modalidades donde una persona recién comienza a aportar a los 60 años y se jubila a los 70 con solo 10 años de aportes. Financieramente, esto resulta ser un negocio inmejorable para quien lo hace, pero representa una carga devastadora para el fondo común.

El espejismo del empleo formal: Por qué afiliar a más ecuatorianos empeora el fondo de pensiones del IESS

Una solución recurrente en el debate público sostiene que el IESS se salvaría si se lograra afiliar a más trabajadores mediante la formalización del mercado laboral. Sin embargo, matemáticamente, esto es un espejismo que no resuelve la crisis estructural. Debido al profundo desequilibrio en el diseño del sistema, el déficit es una condición inherente a cada individuo que ingresa al modelo.

Afiliar a un nuevo trabajador formal inyecta, sin duda, liquidez inmediata a la caja del IESS, dado que esta persona pasará décadas aportando antes de exigir el cobro de su pensión. Pero esta ilusión de solvencia oculta una trampa financiera.

Se gana tiempo en el presente a costa de inflar una deuda a largo plazo. Para desmitificar esta supuesta salida, Paredes lo ilustra de esta forma: «esa persona llega con una mochila de déficit. Ganas en liquidez, ganas en caja, pero actuarialmente, o sea, en esencia en el sistema estás perdiendo porque esa persona por definición trae un déficit actuarial adicional».

La única excepción matemática en la que nuevos aportantes ayudarían genuinamente a sanear el fondo requeriría que una gran masa de trabajadores ingresara con sueldos extraordinariamente altos. Al existir un techo máximo de jubilación (actualmente fijado en $2.500 al mes), estos cotizantes aportarían grandes sumas pero recibirían un porcentaje menor de reemplazo al jubilarse, subsidiando así al resto.

No obstante, dadas las condiciones económicas y la falta de empleo adecuado, pretender que los nuevos afiliados copen esa franja salarial alta es calificado por Paredes como una «utopía». Por lo tanto, aumentar la base de cotizantes bajo las reglas vigentes no soluciona el problema de fondo, sino que simplemente lo retrasa y lo magnifica.

Solidaridad invertida en la seguridad social en Ecuador: Los informales subsidian a los privilegiados

El IESS suele ser defendido bajo la bandera de la «solidaridad», pero las cifras demuestran lo contrario. En Ecuador, cerca del 60% de la población laboral es informal, lo que significa que la mayoría de los trabajadores no están afiliados y envejecerán sin una red de seguridad social.

No obstante, el Estado ecuatoriano está obligado por ley a aportar el 40% al fondo de pensiones, un dinero que proviene de los impuestos que pagan todos los ciudadanos, incluidos los informales más pobres. Paredes denuncia esta inequidad afirmando: «Estamos concentrando nuestros esfuerzos financieros, entre comillas, de solidaridad, a un grupo que es el grupo que bien, que mal en la vida ha tenido una mejor situación que los demás».

Esta injusticia se agrava al revisar las rentabilidades dentro del propio IESS: las personas que se jubilan con pensiones más bajas obtienen un rendimiento real del 7% sobre sus aportes, mientras que quienes ganan sueldos altos (cercanos a los $2.500 de tope) obtienen un rendimiento del 9%. El sistema extrae recursos de la base informal del país para garantizar beneficios excepcionales y deficitarios a una minoría formal.

Salir de la quiebra: Las soluciones estructurales para reformar el fondo de pensiones del IESS

Para corregir el desequilibrio matemático y estructural que asfixia al fondo de pensiones del IESS, Lucio Paredes plantea abandonar las medidas de parche y apostar por un rediseño profundo. Aunque a nivel personal considera que el modelo ideal sería uno de ahorro individual puro, reconoce que la cultura política ecuatoriana exige un punto medio para que la reforma sea viable.

Por ello, a través del trabajo de la comisión ciudadana de 2023, perfiló una hoja de ruta centrada en un sistema mixto y en poner la casa en orden:

  • Separar salud y pensiones: el paso previo e innegociable es dividir el IESS en dos instituciones distintas, con directorios y cuentas completamente independientes. Esto elimina la tentación histórica de tomar dinero de los ahorros de jubilación para cubrir los gastos del seguro de salud, y asume que ninguna junta directiva es tan sabia como para administrar eficientemente ambos rubros a la vez.
  • Crear un sistema mixto proporcional: la propuesta central es mantener una parte del sistema de reparto actual, pero introducir un componente de ahorro individual que hoy no existe en Ecuador. Para hacerlo equitativo, las personas de menores ingresos recibirían la mayor parte de su pensión (70 % u 80 %) del sistema de reparto, mientras que las de mayores ingresos obtendrían ese mismo porcentaje (70 % u 80 %) de su propia cuenta de ahorro individual, aliviando la carga del fondo solidario.
  • Consolidar fondos dispersos en la cuenta personal: para nutrir este nuevo pilar de capitalización sin asfixiar el bolsillo del trabajador, Paredes sugiere integrar figuras laborales que hoy funcionan de manera deficiente. Esto implica que tanto la jubilación patronal como el fondo de cesantía pasen a alimentar directamente la cuenta individual de cada afiliado.
  • Rescatar el fondo de reserva: se debe devolver al fondo de reserva su propósito original de ahorro obligatorio a largo plazo para la jubilación, revirtiendo la decisión política que permitió cobrarlo mensualmente como un sobresueldo para estimular el consumo presente.
  • Fijar un techo al aporte estatal: el esquema vigente obliga al Estado a cubrir el 40% de las pensiones, un subsidio infinito que, sin reformas, podría llegar a representar un impagable 8% o 9% del PIB. La solución técnica es establecer un límite máximo legal a esta contribución, fijándolo de manera realista entre un 2,5% y un 3% del PIB.

Paredes es tajante al advertir que endeudar al Biess o vender los activos del IESS para pagar las jubilaciones de hoy son «locuras» que solo sirven para ganar tiempo a costa de empeorar la quiebra futura. Si Ecuador no logra sentarse a consensuar estas reformas estructurales con madurez, el desenlace será, de acuerdo con Paredes, en unos años la caja colapsará y el sistema simplemente empezará a recortar el monto de las pensiones de los jubilados por falta de liquidez.(JS)

Fuente: La Hora